El gato y la ballena

cuentos de hadas Ago 01, 2017 No Comments

Un día, sentado en una playa desierta un gato rayado vio a una ballena acercándose a la costa y pensó:

– ¡Vaya! ¡Qué pecesote tan grande! ¡Ojalá pudiera atraparlo!

El gato subió rápidamente a un acantilado cercano y, al aguardar el momento, saltó a la espalda de la ballena, se puso a  rasguñarla y a brincar. La ballena dio la vuelta y se precipitó al mar, llevándose al gato y zigzagueando virtuosamente entre las olas.

De repente el gato se quedó inmóvil y se dio cuenta de que no sería capaz de llegar a la costa por sí mismo. La ballena lo llevó tan lejos que la tierra se convirtió gradualmente en una pequeña franja en el horizonte y luego desapareció completamente. El gato se aferró a la espalda gruesa de la ballena sin saber qué hacer. Bajó la mirada y vio que había arañado a la ballena hasta sacarle sangre. Toda la espalda azul de la ballena fue cubierta con pequeños rasguños escarlata. Entonces el gato decidió convertir a la ballena en su amiga para que lo llevara de vuelta a la costa. El gato se acomodó y comenzó a lamer las heridas que había causado. Pareció que la ballena empezó a ronronear de una manera demasiado ruidosa, así que el gato se estremeció, pero prosiguió lamiendo los arañazos.

Entonces el gato se puso a reflexionar. ¿Por qué la ballena no se sumergió en el agua ni una sola vez?, entonces en su espalda no habría arañazos y ya no estaría el gato tampoco.

El gato sintió remordimiento. Comprendió que la ballena lo había llevado para mostrarle las extensiones marinas que ella tanto amaba. Se dio cuenta de que desde el principio la ballena ya se había convertido en su amiga. El gato recordó que un par de veces ellos habían pasado al lado de un banco de peces de colores, habían visto una pequeña isla a lo lejos, que habían conseguido cruzarse con numerosos lugares hermosos, y el gato, mientras tanto, estaba brincando sobre la espalda de la ballena y rasguñándola con fervor.

La ballena le agradó al gato. No sabía cómo enmendar su falta ante esta gordita tan buena que no trató de dejarlo en el mar ni una sola vez.

“¡Qué pez tan extraño!”, pensó el gato y sintió que se le cerraban los ojos. El sol calentó, el gato quiso dormir. Se acurrucó en la espalda de la ballena, hecho un ovillo, y se durmió.

Cuando el gato se despertó, la ballena ya lo había devuelto a la costa. Al acercarse más a la playa el gato saltó al agua, nadó hasta la costa, salió, se sacudió y miró a la ballena. Esta ya había comenzado a alejarse y saludó al gato con su cola, y en una ola el gato notó el brillo de una profunda mirada sonriente.

Por alguna razón el gato estaba convencido de que la mañana siguiente a la misma hora la ballena vendría para que se encontrasen de nuevo. Y el gato llegaría a este encuentro extraño y volvería a viajar por el mar.

El gato no supo que la ballena se había querido varar en la tierra, pero el encuentro con el gato la hizo feliz. Hasta ese momento la ballena nunca había tenido amigo alguno porque era muy tímida.

(Traducido por Svetlana Balekhova, revisado por Rodney Nahar)

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